Medir el tiempo en la infancia

Medir el tiempo en la infancia

Paola Minetti
Psicóloga
Especialista en Pedagogía Montessori
La madre selva del patio me floreció, la cuarentena lleva más de cuarenta días…
👉🏼Para aprender a leer: cuánto tardó? Y… habrán sido unas cuantas decenas de historias que leímos juntas y otras tantas que me vio a mí leer.
👉🏼Tres sueños por noche es descansar.
👉🏼Cuando supo que compartir era más divertido y justo, aprendió a dividir con facilidad.
👉🏼 Llora mucho? Siempre que necesita algo y no sabe cómo pedirlo.
👉🏼 En cuánto tiempo aprendió a andar en bici? Unos cuantos porrazos. Algunas mordidas de labios y unos tres apretones fuertes de ojos.
Las métricas: esa es la cuestión.
Qué lindo sería medir el tiempo así, verdad? Otras unidades, diferente a las horas o los años. Tiempos singulares y que respondan a nuestros ritmos.
Seguramente, muchas expectativas asfixiantes e innecesarias caerían por el sinsentido.
Siempre decimos que “respetamos el ritmo del niñ@”, pero no nos despegamos de las métricas que nos ubican en los parámetros de la “normalidad”. Así, sólo así, medio nos aliviamos.
Existe, la falsa idea que si todos los alumn@s aprenden lo mismo al mismo tiempo y en el mismo momento, es más fácil llevar adelante el proceso de enseñanza aprendizaje. Aunque no lo digamos así, respondemos a esta idea cuando agrupamos por edad y no por intereses o ciclos por ejemplo.
También, cuando ponemos notas, sobre lo que nosotros consideramos que debió haber aprendido y en el examen no lo pudo “demostrar”.
Porque decimos que respetamos su tiempo, pero a ese tiempo lo calificamos con notas, siempre tomando la vara de la velocidad, la capacidad de repetición o de tener completo el cuaderno.
Porque muchas veces las actividades se hacen a tracción a sangre, y ahí no, no hay aprendizaje significativo. Hay opresión.
Necesitamos, despojar las aulas de métricas y dar tiempo, pero tiempo de verdad, sin máscaras institucionalizantes.
Hoy, en cuarentena, sabemos todo lo que se produce en la escuela, que es mucho más que aprendizajes, quedando la transmisión de contenidos en un cómodo y relegado segundo puesto.
Necesitamos abrazos, olores, miradas cómplices y que salgan corriendo para jugar a la popa estatua.
Deseo, que en dos lunas, nos abracemos.
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