Carta Abierta a mi Hija

Carta Abierta a mi Hija

Paola Minetti
Psicóloga
Especialista en Pedagogía Montessori

Como quisiera hija mía transmitirte esto que aprendí en el camino para que no lo sufras, ¿cómo podría hacer yo para que no te detengas ahí justo dónde pueden hacerte daño?

Quisiera tener la magia de brindarte esta sabiduría. Es poca y errante y es también todo lo que tengo.

Que sepas que sos única, y que cuando te comparan o te ponen a competir, ahí no estás vos. Es que intentan llevarte al rebaño en masa, donde no hay cautivantes ovejas negras. Que saltar el alambrado a veces, es el camino, y otras no. Y que algunas elecciones tienen magia y otras están embrujadas, aprender a distinguirlas entre tanto brillo, es el desafío.

Cómo quisiera hijísima, que nunca nadie jamás, te rompa el corazón y que le puedas decir: “ojito con mi mamá” si es que alguien distraído y torpe, se atreve.

Tenés que saber, que la ilusa que nos habita, es una mujer hermosa, que cuando timonea te maquilla la cara con polvo de estrellas, pero es imprudente, porque se niega a aprender de su historia y a veces se toma de las ramas secas y te hace estrellar contra el piso.

Las desilusiones no son “las malas”, no. Hay gente rota, que se pondrá a tu lado y que también te romperá un poquito. Como me gustaría que puedas verlas antes y sepas hasta dónde llegar con ellas. No, no es gente mala, la gente rota no es mala. A veces, de pura cobardes, no han buceado en sus heridas, no se animaron aún. Entonces, rompen. Dónde quieren compartir, rompen.

Pero también, hay otra gente, a las que a mí me gusta llamar ángeles. No tienen alas ni aureola, pero te juro que te dan una mano y te hacen volar. También es difícil verlas, porque se camuflan, yo creo que ellos no saben que, para vos, son ángeles. Y que tal vez también sean gente rota para
otros. Sí hija, estamos todos entreverados acá.

Quisiera hija, que lo que mamá aprendió en el camino, sea tu herencia en vida, pero sé también que esa sería mi vida, y no la tuya, entonces esta herencia será una mochila.

Hijísima de mi corazón, darme cuenta de la finitud del cuidado, es mi duelo hoy, pero saber que aun así me elegiste como mamá es confirmar que el amor, existe en todos los planos.

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